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Manuel Javier Rodríguez Erdoíza, es uno de los tres proceres más conocidos del periodo de la Independencia de Chile junto con Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, los denominados “Padres de la Patria” (curiosamente, en Chile poco se habla de José de San Martín), en esa línea, Rodríguez se ha insertado en la memoria popular bajo la figura del guerrillero, se le conoce por sus hazañas durante el periodo de la Reconquista y, por cierto, por su célebre frase - “¡aún tenemos patria ciudadanos!” - entre tantas otras cosas que pueden mencionarse sobre tan notable personaje.
El proceso de emancipación generado en Chile en 1810, tuvo características muy peculiares y distintas a las presentadas en otras colonias de América debido a causas surgidas del propio carácter de su población, su constitución social, su idiosincrasia, su cultura y economía.

            En efecto, la topografía de su territorio, desierto por el Norte, la cordillera de los Andes por el Oriente, el extenso océano Pacífico por el Oeste y las inexploradas tierras por el Sur, generaba un aislamiento regional, que no favorecía el intercambio cultural con las otras colonias, y que estimulaba el desarrollo de sus ciudades y actividades productivas en el valle central, constituyendo la actividad agrícola la principal fuente de creación de bienes y riquezas.

Frente al eventual cambio constitucional al que nos aproximamos, conviene realizar algunas reflexiones críticas sobre la consagración de la no discriminación en nuestro ordenamiento jurídico, pues esperablemente, será uno de los pilares fundamentales de una nueva Carta Fundamental. Aunque nuestra Constitución no contiene una proscripción expresa general de discriminación, se ha entendido que la misma se encuentra en el artículo 19 Nº2 al referirse a la igualdad.
El Código Civil chino que entró en vigor el 1 de enero de 2021 es el primer gran código del siglo XXI y forma parte de un proyecto a la vez jurídico, político y económico. Por un lado, esto demuestra una vez más la centralidad de la codificación, que siempre tiene también un valor simbólico. Por otro, hay un cambio de perspectiva muy significativo: el código del siglo XIX, "este cuerpo de leyes destinado a dirigir y fijar las relaciones de sociabilidad, de familia y de interés, que los hombres pertenecientes a una misma comunidad tienen entre sí" (Portalis en Fenet, Recueil complèt des travaux préparatoires au code civilParís, 1836, 35) reivindicaba en su individualismo propietario "su profunda autonomía respecto al polo publicista, secreto fundamental de la armonía preestablecida y de la certeza estable de las relaciones intersubjetivas de la sociedad burguesa"
Para la procedencia de un reclamo dirigido contra médicos y otros profesionales de la salud, debe hallarse suficientemente acreditada la existencia de relación causal adecuada entre la intervención profesional del demandado y el daño sufrido por el paciente. Tal acreditación tanto puede tenerse por efectuada, por prueba directa, como por un haz de hechos suficientemente probados, por indicios serios, graves y concordantes, por conducto del principio de normalidad, etc. Lo que debe quedar perfectamente claro, es que la complejidad de la determinación causal no puede ser esgrimida como excusa para no resolver correcta y fundadamente las causas de responsabilidad civil, en especial, de responsabilidad médica.