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La vida y los desafíos futuros de la humanidad no tienden a hacerse más simples, sino que muy por el contrario son crecientemente complejos, cambiantes, inciertos y trascienden las fronteras de las naciones.

Por dicha razón, el trabajo de la Convención Constituyente encierra enormes desafíos y responsabilidades en orden a proyectar el país y el mundo hacia  plazo. Indudablemente esa tarea requiere cuidar equilibrios de intereses y balance de criterios. En resumen, podríamos desear que la Convención realice así, una tarea más técnica, que política; de más pragmatismo, que de ideología; en que prime la razón, por sobre las emociones; guiada por más realismo, que ilusión; todo con una mirada unificada y de bien común para el Chile del futuro.

Con el proceso constituyente ya encaminado a la redacción de la futura Carta Magna del país, por medio de una Convención Constitucional integrada por representantes elegidos democráticamente y con espacio reservado para convencionales provenientes de los pueblos originarios de nuestra nación, es relevante considerar y ocuparse desde la perspectiva de las garantías fundamentales a consagrar en la Constitución, la posición, contenido y extensión que tendrá entre tales garantías el derecho de la seguridad social.
La oportunidad para repensar las bases del actual pacto social y político, reflejado en un texto constitucional verdaderamente democrático, ha dejado de ser una ilusión y se ha convertido en una realidad. Este hecho es de verdad trascendente, puesto que más allá de las reformas parciales - en la medida de lo posible - que ha experimentado hasta la fecha la Constitución Política de la República, persiste en la ciudadanía la percepción de que el texto vigente sigue manteniendo vivo y latente el ideario político, social y económico de la dictadura y, por lo tanto, la carga de deslegitimidad que arrastra la Constitución se ha convertido en un símbolo potente que dificulta avanzar en entendimientos democráticos que faciliten y promuevan una convivencia pacífica, justa y solidaria.
Estamos siento testigos, a veces sin percibirlo, de cambios importantes en las relaciones internacionales y en el sistema internacional. Estos cambios no sólo afectan las vinculaciones entre los Estados sino también impactan al interior de éstos. Siendo la política exterior la expresión de la soberanía de un Estado en el plano internacional, ésta también se ve afectada, así como su vinculación con la política doméstica o nacional. ¿Cómo se refleja esto en Chile en medio de un proceso constituyente? ¿Por qué se deben tener presente estos cambios en el ámbito internacional cuando se discutan los temas internacionales en la Constitución? El objetivo de este artículo es reflexionar sobre esta dimensión del trabajo de la Convención Constitucional y proponer algunas ideas que estimamos pueden ayudar a tener una Constitución moderna y adaptada a la realidad actual.
La propuesta de Nueva Constitución entró en una etapa crucial con las mociones que articulan proposiciones articuladas sobre la institucionalidad permanente y que aspira a que nuestra ciudadanía se persuada de los beneficios que le permitan aprobarla, previsiblemente, durante el presente año. Sin embargo, la misma atención prestada sobre esas reglas y la discusión que está generando en diversos ámbitos no es la misma respecto de su diseño transicional. Lo anterior, es lógico puesto que no puede haber unas sugerencias de reglas intertemporales vacías de contenidos. Ahora bien, algunas proposiciones han estado incluyendo referencias a esas reglas transitorias, las que no cabe exponer por ahora debido el incipiente y condicional avance de la misma.
En este ensayo propondremos 3 tesis sobre el trabajo que pueden servir para la discusión del texto futuro de la nueva constitución . Tesis 1. El trabajo no es una mercancía: una paradoja. Tesis 2. La libertad como no dominación. Tesis 3. Una propuesta utópica: la superación del trabajo subordinado.
Chile está viviendo desde hace unos cuantos meses un proceso de reforma constitucional que ha sido, hasta el momento, ejemplar, principalmente por la inclusividad y la representación de los diversos grupos de la sociedad. Sin duda, este proceso, y el posterior texto constitucional que allí se está gestando, nos llena de esperanzas a la región e incluso al mundo entero.
La atmósfera constituyente -que ha dominado Chile desde hace una década- ha mantenido dos focos principales de crítica al ordenamiento vigente: el régimen político y los derechos fundamentales. Y en ambos temas, se ha producido una especie de contraste entre fines y medios, entre la claridad sobre su reemplazo y la confusión sobre su diseño. En efecto, refiriéndonos a los derechos -que es el tema de este artículo- se advierte un predominio del interés por aumentar su catálogo, en desmedro de una preocupación sobre su ubicación en el texto y su efectiva tutela jurisdiccional.